Los tiburones de puntas blancas reciben su nombre del color blanco de las puntas de sus aletas. Se trata de unas aletas largas y redondeadas, muy atractivas para preparar sopas de aleta de tiburón. También se utiliza su aceite para la preparación de medicinas y su piel como cuero.
Pero más allá de su faceta gastronómica, estos tiburones son animales que podemos localizar en aguas oceánicas profundas con una temperatura igual o superior a los 18º. La mayoría de las veces se encuentran en la parte más superficial del océano y son los tiburones que comúnmente nos presentan las películas de náufragos.
Su dieta se basa principalmente en peces óseos y calamares, aunque también se alimenta de mantas, tortugas marinas... En ocasiones ingiere incluso carroña y restos vertidos desde los barcos.
Para buscar la comida se mueve por la parte más superficial del agua con movimientos lentos y en solitario. Es su modo de ahorrar energía. Aunque a la hora de alimentarse no escatiman los esfuerzos y se muestran tremendamente agresivos.
Es un animal grande y fuerte, que trabaja tanto de día como de noche. Cuando nacen, tras un año entero de gestación, miden aproximadamente medio metro. Con el tiempo alcanzan fácilmente los 3,5 metros de longitud. Sin duda el complemento perfecto para sembrar el terror en un naufragio.
Pero lejos de considerarlo como un peligro para el hombre, es más bien el hombre quien está poniendo en peligro de extinción a los tiburones. En cuestión de una década los tiburones han pasado a estar en peligro de extinción. De las más de 350 especies distintas de tiburones que existen, algunas han disminuido hasta un 90%, como es el caso del tiburón martillo.
La pesca de tiburones en aguas internacionales no está restringida y algunos estudios señalan que desde 1970 hasta hoy se ha reducido su población hasta un 50%. La sobrepesca se considera como el principal factor de esta situación. Pero en muchas ocasiones mueren en el mar debido a que son capturados para cortarles las aletas y después son abandonados en el mar sin posibilidades de sobrevivir. Otras veces se capturan por equivocación.
Pero lo cierto es que cada vez tienen menos sitios donde refugiarse del ser humano y su presencia en el mar es crucial para el mantenimiento de los ecosistemas y las cadenas tróficas, además de un valor de biodiversidad que no deberíamos perder.