Su cuerpo está cubierto por un plumón de color gris, pero dentro de unos meses cambiará hasta ser como sus padres y el resto de miembros de la comunidad: un cuerpo divido en colores grises, blancos y negros. Son los pingüinos de Magallanes (Spheniscus Magellanicus), o como muchos los llaman, los pingüinos del sur.
Estos animales viven en las costas de Argentina, Chile e Islas Malvinas y en estas fechas llegan al punto álgido de su ciclo reproductor: comienzan a eclosionar los huevos.
Mundos de Agua pudo ser testigo de este proceso en la colonia de Chubut (Península Valdés). Los pingüinos de Magallanes llegan a la costa en septiembre y seleccionan suelos blandos para cavar sus nidos y realizar el apareamiento. Tras la puesta, que suele ser de dos huevos, los padres se turnan para proteger el huevo y alimentarse en el mar. Cuando las crías nacen son unos indefensos pichones con plumón de color gris sucio, pero en unos meses ya serán autosuficientes.
Este pingüino del sur, al igual que otros animales de climas fríos, se ha adaptado para minimizar la pérdida de calor: su cuerpo es compacto, y posee una gruesa capa de grasa que lo envuelve junto con un plumaje muy compacto. Además, las características de su fisonomía (formas hidrodinámicas, alas cortas que actúan como aletas propulsoras, patas unidos por membranas interdigitales, etc.) optimiza su locomoción en el mar pero le hace un animal torpe e incapaz de volar en la superficie.
Por otra parte, los colores de sus plumas no son casuales. Cuando un pingüino está en el agua (su hábitat natural) y se le observa desde la profundidad, se verá el color blanco de su vientre confundiéndose con la claridad del cielo diurno. En cambio, si se mira desde mayor altura, verán su parte negra que se confunde con la oscuridad de la profundidad del agua.
En la actualidad, el Pingüino de Magallanes posee el carácter de fauna protegida pero antes fue una presa fácil para los cazadores.